Proyecto de la Dirección de Bienestar Estudiantil de la U. E. San Luis Gonzaga de Quito, para el acompañamiento de los estudiantes y sus familias.
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Sexting
Porque el conocimiento nos ayuda a la prevención de este tipo de comportamientos que afectan al desarrollo integral de nuestros estudiantes, les presentamos este documento que nos puede ayudar.
2012-2013
AÑO MAGIS
“Ser más para servir mejor”
¿Como padres de familia, qué deseamos de la educación?
Carta de Abraham Lincoln from Francisco Javier Robalino
2012-2013
AÑO MAGIS
“Ser más para servir mejor”
Los padres como educadores
Tomado de la página de la Comunidad Virtual de Educadores Católicos http://redcvec.wordpress.com/
Los padres como educadores
Los padres como educadores
Cómo transmitir valores a los hijos
Fuente: Catholic.net
Seguramente a todos los padres de familia nos gustaría que nuestros hijos compartieran con nosotros esa valoración de las cosas, que asumieran los valores que nosotros consideramos importantes. Nos da miedo que se equivoquen en algo tan importante, que consideren alguna cosa como algo valioso y apetecible, y que en realidad no sea más que un espejismo.
¿Hay alguna manera de asegurar que ellos asuman unos valores realmente valiosos? O dicho de otra manera, ¿puedo enseñar a mis hijos a apreciar los mismos valores que a mí me parecen importantes? La respuesta es que sí, aunque naturalmente no se puede asegurar completamente. Se puede afirmar que, si se intenta de manera coherente, los resultados son apreciables. Por otro lado también conviene asegurarse de que los valores que tenemos son realmente lo mejor que podemos ofrecerle.
Como es lógico, es del todo imposible tener la certeza de que los valores que consideramos primordiales son tan importantes como nos parece. Pero como mínimo, debemos valorar nuestra propia coherencia. Si nuestra conducta no se adapta a nuestra escala de valores, revisemos nuestra conducta o nuestra escala de valores y cambiemos alguna de las dos. Generalmente debería ser nuestra conducta lo que tendríamos que cambiar.
Una vez decididos los valores que vamos a enseñar, veamos cómo hacerlo.
Básicamente hay dos procesos para conseguirlo: la inmersión y la convicción intelectual.
1. Inmersión
Referido a la educación de los valores, "inmersión" se refiere a hacer que nuestros hijos estén, inmersos en un ambiente en que nuestras maneras de actuar dan testimonio de los valores que intentamos comunicar.
Los niños, desde el primer momento, actúan imitando las conductas y actitudes que ven a su alrededor. Mas tarde, a través del lenguaje, llegan a comprender las razones por las que sus padres actúan así. De este modo, la manera de actuar de los padres, maestros y cualquier persona formadora, y las razones por las que lo hacen, conforman una especie de fluido que envuelve al niño y que penetra dentro de su inteligencia y de los hábitos que va adquiriendo. Y casi sin proponérnoslo, va asumiendo nuestros valores. Estoy hablando del ejemplo que damos el padre y la madre al unísono y que es muy significativo cuando los hijos son pequeños.
Pero en realidad no está todo resuelto, ni mucho menos. El fluido ambiental que rodea a nuestros niños no es únicamente el ejemplo de los padres y maestros. Hay otros muchos ejemplos e influencias que flotan en el ambiente (gran familia, amigos, compañeros, profesores, medios de comunicación...) y que también penetrarán en la inteligencia de nuestro hijo y en los modos de actuar que imita. Y como quizás muchos de esos ejemplos e influencias sean negativos nos preguntamos si podemos hacer algo para minimizar su influencia. Sin lugar a dudas la respuesta es sí. Podemos hacer como mínimo cuatro cosas:
- Dedicar el máximo tiempo posible a la convivencia familiar, con la intención de que, cuanto mayor sea el tiempo de convivencia familiar, menor influencia ejercerán otros ejemplos. Hay que aprovechar motivar a las familias de los alumnos para que apoyen en este campo.
- Estrechar nuestras relaciones afectivas con ellos. El ejemplo es mucho más decisivo cuanto más importe a los niños la persona que lo ofrece. Será, por lo tanto muy importante mostrarle nuestro cariño y aceptación habitualmente.
- Enjuiciar las actuaciones o afirmaciones de otros cuando contradigan nuestros propios valores, eso sí, con respeto. Ya que no podemos evitarlos, al menos presentemos ante sus ojos elementos críticos.
- Desarrollar en ellos hábitos de conducta relacionados con valores importantes. Estos hábitos son especialmente importantes en los seis o siete primeros años. Durante esos años podrá aceptar sin dificultad las conductas que le proponemos los padres por la confianza que deposita en nosotros. Así, cuando tenga más edad podrá relacionar su modo habitual de comportarse con los valores que entraña. Entonces el mismo hábito formará parte del ambiente que le rodea por lo que le será más fácil aceptar como bueno algo que le resulta muy familiar.
2. La convicción intelectual
No es otra cosa que apreciar algo como bueno, conveniente o útil para sí mismo o para los demás mediante el razonamiento lógico. Es un recurso que se puede utilizar cuando nuestros hijos son un poco mayores, cuando, paralelamente a su llegada a la adolescencia, comienzan a tener recursos intelectuales suficientes para establecer relaciones entre distintos valores y para deducir las posibles causas y consecuencias de las diferentes maneras de comportarse.
La manera de entrenar su capacidad de razonamiento y, con ella, la de apreciar los valores más importantes será mediante el diálogo y el debate de ideas. En este momento en que los hijos empiezan a percibir que no somos las personas perfectas y todopoderosas que imaginaban cuando niños, es la ocasión de enseñarles a apreciar los valores, no ya por la confianza que les inspirábamos sino por la fuerza de la lógica.
El arte de hablar con tus hijos
Adaptado del site: http://www.enplenitud.com/el-arte-de-hablar-con-tus-hijos.html
¿Tiemblas ante la idea de hablar con tus hijos? ¿Crees que
no eres capaz de tener una charla interesante con ellos? Es tiempo de que te
pongas a estudiar el arte de hacer que tus hijos conversen contigo.
¿Cómo lograr que tus hijos te hablen?
Ser padres no es fácil. Algunos días, el simple hecho de
tener a toda la familia reunida, al mismo tiempo y en el mismo lugar, te podría
parecer como un “sueño imposible”. Entre las actividades extracurriculares, los
deportes, el trabajo, los recados y los viajes, no es de sorprender que casi la
mitad de los padres, en una reciente encuesta, declararan sentir una distancia
creciente entre ellos y sus hijos.
Los chicos de hoy tienen más cosas que enfrentar que las que
tenían los chicos de hace veinte años. Drogas, violencia, metamensajes en la
publicidad, presión social, y agendas inamovibles, entre otros, son los
encargados de poner un peso extra sobre sus espaldas.
De modo que, en medio de todo este caos, ¿cómo encuentras
tiempo para hablar con ellos? Y lo más importante, ¿cómo haces para que ellos
te hablen a ti?
Ideas de comunicación para hablar con tus hijos
Estas son algunas ideas que pueden serte útiles:
- Coman todos juntos (como una verdadera familia de otras épocas) al menos tres veces por semana. Las conversaciones fluyen con mayor facilidad alrededor de la mesa. Si en un principio encuentras dificultades para iniciar la conversación, piensa en algunos disparadores antes de cada comida. Planifica unas vacaciones familiares, dejando que cada uno diga dónde quisiera ir y qué quisiera hacer. Hablen sobre hechos de actualidad, sobre las últimas películas o acerca de los eventos especiales que se aproximen. Formúlales preguntas de final abierto, de modo que se vean obligados a contestar con algo más que un sí o un no.
- Desconecta el mundo exterior. Establece un “tiempo familiar” cada noche y haz que todos apaguen sus teléfonos celulares, computadores y televisores. Deja saber a tus amigos y familiares que no estarán disponibles durante ese tiempo, y no hagas concesiones. Puede que tus hijos, sobre todo si son adolescentes, se rían de esta práctica, pero en el fondo, seguramente, la disfrutarán. Utilicen este tiempo para reconectarse unos con otros. Jueguen a un entretenimiento de mesa, lean en voz alta en turnos rotativos, canten, bailen, etcétera; sea lo que sea, háganlo juntos.
- Al menos una vez por semana, preparen la comida todos juntos. Incluso tu hijo más joven puede hacer algo para ayudar. Si tu cocina es demasiado chica para todos, realiza un programa asignando tareas correlativas para cada una de las partes de la preparación de la comida. Durante estas actividades, tu familia estrechará sus vínculos e incluso podrían ser los niños quienes, naturalmente, comiencen a proponer temas de conversación. Y, si no es así, siempre podrás poner a rodar el balón contando las historias de las actividades que realizabas con tus padres –sus abuelos-.
- Haz que tus chicos se sientan seguros al hablar contigo. Déjales saber que no te enojarás ni los regañarás si te cuentan sobre lo que está sucediendo. Si te dicen algún “trascendido”, entonces déjalo de ese modo (excepto en emergencias y en situaciones peligrosas).
- Escucha lo que tienen para decir. Si estás trabajando, o haciendo algo más cuando los chicos comienzan a hablarte, entonces podrían darse por vencidos al ver que tu atención está puesta en otro lado. Dale a tus hijos la misma cortesía que les darías a tus amigos o allegados. Siempre que te estén hablando, ofréceles el 100% de tu atención.
- Utiliza las técnicas de recepción activas. Asegúrate de comprender lo que tu hijo te está diciendo. Repite lo que te ha dicho y formula preguntas.
- Establece un tiempo para pasar con cada uno de los chicos. Puedes pedirles que te acompañen a hacer las compras o que te hagan compañía mientras te encuentras limpiando; siempre de a uno y por separados. Hazles saber que valoras lo especial de sus compañías.
- Sé paciente. No esperes una familia perfecta. Nadie te está juzgando. Recuerda que las familias perfectas no existen.
| Blanca nieves y los siete enanitos. Abril, 2012 |
El difícil arte de poner límites a los adolescentes
Sor Juana Inés decía que el amor es como
la sal: dañan su sobra y su falta. Lo mismo podríamos decir con respecto a los
límites para los adolescentes, ya que la clave está en no abusar de los mismos
pero tampoco desestimarlos. En esta nota, pautas para manejarse en esta complicada
etapa de la vida.
A menudo, los padres encuentran muy
difícil ocuparse de la transición de sus hijos hacia la edad adulta, por lo que
este período puede ser realmente muy complicado para toda la familia. No es
fácil saber en que momentos los hijos adolescentes actúan de manera
irresponsable por su propia inocencia o por valores mal asimilados, pero lo
cierto es que, a esa altura de sus vidas, los padres no pueden ser más que un
guía, ya que existen barreras que no podrán ser más cruzadas.
Los chicos y chicas
han llegado a una etapa de sus vidas en donde saben que ya es su propia
responsabilidad encontrar esas barreras, que separan el bien del mal, la
madurez de la irresponsabilidad, el compromiso de la ausencia. Sin embargo, sí
existe una barrera en la que ellos no tienen injerencia, y que debe ser
absolutamente formulada y puesta en práctica por los padres. Ésa barrera es la
que define los derechos de los padres, y, por más independientes que sean, los
adolescentes deben aprender a no cruzarla.
En sus ansias por
demostrar y ejercer su independencia, muchos adolescentes parecen a menudo
"olvidar su lugar". La mayoría de las veces, esta es su respuesta al
hecho de que su rol ya no es el mismo, incluso en la relación con sus padres:
hagámosle frente, la mayoría de los jóvenes se acerca a la independencia con la
misma gracia de un perrito Gran Danés, y puede ser bueno recordar que nosotros
también luchamos para encontrar nuestro propio espacio adulto.
La búsqueda de este
nuevo y necesario rol, en donde el chico ya no es más un niño pero tampoco un
adulto, es muy dificultosa para el joven, que muchas veces se maneja de una
manera torpe pero si maldad, sobre todo por que no sabe como contar con la
necesaria ayuda de la otra parte, sus padres. La cosa más importante que los
padres deben recordar es que esta es solo una etapa, así como las rabietas, los
caprichos, o las necedades que tenía de niño.
La razón por la que
éste momento es más dificultoso, es porque también está en juego el control y la
autoridad. Pero así como el padre debe aprender a abandonar cierta indiscutida
potestad (incluso en el plano verbal), el niño debe aprender a beneficiarse de
estos cambios sin abusar de los mismos. Lo que se espera, en definitiva, es que
esta batalla emocional de voluntades se acabe de una forma sana y natural, en
la que ambos sepan reconocer sus espacios.
Cuando los
adolescentes demuestran su independencia con insolencia y carencia de
consideración hacia los otros miembros de la familia, ésta actitud no puede
obviarse y dejar ser ignorada. La insolencia y falta de respeto no es un signo
de independencia, sino del hecho de que se está teniendo un comportamiento
inmaduro, que provoca que los padres todavía deban hacerse cargo de modificar.
Estos jóvenes no han
aprendido el sutil y delicado arte de la autoridad con diplomacia, y, sin
ningún temor a equivocarnos, esto debe ser rectificado por sus padres. Fabricar
excusas para desestimar su mal comportamiento, no es la mejor manera de
ayudarles a encontrar su lugar. Los padres deben tratar a sus adolescentes
mayores con la misma sinceridad que lo harían con cualquier adulto que se
enfrenta de una manera inadecuada. Si su hijo o hija no aprende los límites que
son inaceptables para usted, seguramente los aprenderán, de forma mucho más
dura, por la propia sociedad.
El punto más duro
para controlar por parte de los padres, puede ser su error a sumirse en una
discusión verbal de par-a-par con sus hijos adultos. Como adultos con
experiencia, los padres deben intentar siempre ser la voz de la razón. Ponerse
en un nivel simétrico para conversar, no es nada apropiado, aunque si lo es el
hecho de modificar viejos esquemas, y poder escuchar más abiertamente a sus
hijos, como personas adultas que ya son. Sin embargo, cuando las conversaciones
comienzan a ser ríspidas, los padres deben insistir en hacer prevalecer su
experiencia y lógica, así como tener la madurez suficiente como para dejar
pasar ciertos pequeños puntos. Pero sin importar cuan insistentes sean su hijo
o hija, no se permita que sobrepasen su autoridad y sentido común.
Lo ideal, es intentar
mantener un tono razonable y respetuoso desde ambas partes. Si sus esfuerzos
fallan, simplemente rechace engancharse en la discusión. Puede tomarles tiempo,
pero entenderán que usted no hará caso a sus opiniones y evitará entrar en una
conversación improductiva que puede conducir a una o ambas partes a ofender al
otro, y sabrán que, sin dialogo, tendrán menos posibilidades de lograr ciertos
beneficios por parte suya.
Algunas reglas de la
casa, tales como los horarios de llegada y de irse a acostar, deberán ser
modificados a medida que nuestros hijos crezcan. Una vez que alcancen su
adolescencia mayor, podrán sentir que no todas las reglas de la casa seguirán
siendo aplicadas para ellos. Pero, igualmente, se debe tener cuidado de mantener
el control de las rutinas del hogar, con respecto a las personas que entran en
la casa, los huéspedes que podrán (o no) alojarse temporalmente, o el tipo de
actividades que allí se desarrollará. Lo importante será ser medido y razonable
en los nuevos permisos y obligaciones que se fijarán. Después de todo, el hogar
continúa siendo su hogar. Pero asegúrese de que sus normas sean verdaderamente
razonables.
Por ejemplo, si su
hijo o hija le pide cambios en los horarios de regreso al hogar, debe sentarse
con tranquilidad y, luego de conversar con ellos, llegar a la conclusión de que
eso puede ser lo mejor tanto para ellos como para usted, en esta etapa. Si, en
cambio, ellos llegan aún más tarde del nuevo horario convenido, tendrá todo el
derecho de sentir que aún no han madurado y deberán esperar para revalidar los
antiguos permisos. Las fallas intencionales de los jóvenes en adherir a las
nuevas reglas establecidas para su vida en la casa, se deben resolver con la
disminución o supresión de los beneficios otorgados. Pero el elemento dominante
en esta situación, será, por parte de ambas partes, manejarse de forma
razonable.
Es muy
importante recordar que durante esta transición también se podrá comenzar a
construir la relación que se mantendrá con su hijo durante todo el futuro.
Permitir que los incidentes se extiendan pueden crear tensiones cada vez más
difíciles de superar, que podrán afectar las relaciones futuras. A veces, la
decisión más sabia es saber guardar distancia durante algún tiempo, hasta que puedan
prevalecer las cabezas más frescas y el sentido común, desde ambas partes. En
el futuro, los actuales ajustes de ensayo y error se convertirán apenas otra
anécdota para el recuerdo. Las relaciones cambian todo el tiempo. Pero no es el
cambio lo que define el resultado, sino cómo manejamos ese cambio.
Tomado de la página En plenitud.com, para jóvenes de cualquier edad [ingreso el 23 de febrero de 2012]
Jóvenes: deberes y derechos
La siguiente es la ponencia de Emilio Calatayud Pérez, Juez de Menores de Granada, España, quien participó de un conversatorio sobre jóvenes y educación. Valdría la pena poner atención en sus planteamientos.
Ganadores rifa de Asofamilia
Querida Comunidad Educativa, aquí tienen la lista oficial de ganadores de los premios de la rifa de Asofamilia Gonzaga, efectuada el sábado pasado en el marco del Día de la Familia.
Muchas felicidades a todos los ganadores y gracias a todos por su colaboración.
Rifa AsoFamilia Gonzaga 2011
Muchas felicidades a todos los ganadores y gracias a todos por su colaboración.
Rifa AsoFamilia Gonzaga 2011
Listos para el censo
Algunas consideraciones para tomar en cuenta por toda la Comunidad Educativa:
Se recomienda verlo en pantalla completa (En el extremo inferior derecho de la presentación: More -> Fullscreen)
Censo 2010 on Prezi
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