Proyecto de la Dirección de Bienestar Estudiantil de la U. E. San Luis Gonzaga de Quito, para el acompañamiento de los estudiantes y sus familias.
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Sexting


Porque el conocimiento nos ayuda a la prevención de este tipo de comportamientos que afectan al desarrollo integral de nuestros estudiantes, les presentamos este documento que nos puede ayudar.



2012-2013
AÑO MAGIS
Ser más para servir mejor

Cómo transmitir valores a los hijos

Fuente: Catholic.net

Seguramente a todos los padres de familia nos gustaría que nuestros hijos compartieran con nosotros esa valoración de las cosas, que asumieran los valores que nosotros consideramos importantes. Nos da miedo que se equivoquen en algo tan importante, que consideren alguna cosa como algo valioso y apetecible, y que en realidad no sea más que un espejismo. 

¿Hay alguna manera de asegurar que ellos asuman unos valores realmente valiosos? O dicho de otra manera, ¿puedo enseñar a mis hijos a apreciar los mismos valores que a mí me parecen importantes? La respuesta es que sí, aunque naturalmente no se puede asegurar completamente. Se puede afirmar que, si se intenta de manera coherente, los resultados son apreciables. Por otro lado también conviene asegurarse de que los valores que tenemos son realmente lo mejor que podemos ofrecerle. 

Como es lógico, es del todo imposible tener la certeza de que los valores que consideramos primordiales son tan importantes como nos parece. Pero como mínimo, debemos valorar nuestra propia coherencia. Si nuestra conducta no se adapta a nuestra escala de valores, revisemos nuestra conducta o nuestra escala de valores y cambiemos alguna de las dos. Generalmente debería ser nuestra conducta lo que tendríamos que cambiar.

Una vez decididos los valores que vamos a enseñar, veamos cómo hacerlo. 

Básicamente hay dos procesos para conseguirlo: la inmersión y la convicción intelectual. 

1. Inmersión 


Referido a la educación de los valores, "inmersión" se refiere a hacer que nuestros hijos estén, inmersos en un ambiente en que nuestras maneras de actuar dan testimonio de los valores que intentamos comunicar.

Los niños, desde el primer momento, actúan imitando las conductas y actitudes que ven a su alrededor. Mas tarde, a través del lenguaje, llegan a comprender las razones por las que sus padres actúan así. De este modo, la manera de actuar de los padres, maestros y cualquier persona formadora, y las razones por las que lo hacen, conforman una especie de fluido que envuelve al niño y que penetra dentro de su inteligencia y de los hábitos que va adquiriendo. Y casi sin proponérnoslo, va asumiendo nuestros valores. Estoy hablando del ejemplo que damos el padre y la madre al unísono y que es muy significativo cuando los hijos son pequeños.

Pero en realidad no está todo resuelto, ni mucho menos. El fluido ambiental que rodea a nuestros niños no es únicamente el ejemplo de los padres y maestros. Hay otros muchos ejemplos e influencias que flotan en el ambiente (gran familia, amigos, compañeros, profesores, medios de comunicación...) y que también penetrarán en la inteligencia de nuestro hijo y en los modos de actuar que imita. Y como quizás muchos de esos ejemplos e influencias sean negativos nos preguntamos si podemos hacer algo para minimizar su influencia. Sin lugar a dudas la respuesta es sí. Podemos hacer como mínimo cuatro cosas:

- Dedicar el máximo tiempo posible a la convivencia familiar, con la intención de que, cuanto mayor sea el tiempo de convivencia familiar, menor influencia ejercerán otros ejemplos. Hay que aprovechar motivar a las familias de los alumnos para que apoyen en este campo.

- Estrechar nuestras relaciones afectivas con ellos. El ejemplo es mucho más decisivo cuanto más importe a los niños la persona que lo ofrece. Será, por lo tanto muy importante mostrarle nuestro cariño y aceptación habitualmente.

- Enjuiciar las actuaciones o afirmaciones de otros cuando contradigan nuestros propios valores, eso sí, con respeto. Ya que no podemos evitarlos, al menos presentemos ante sus ojos elementos críticos.

- Desarrollar en ellos hábitos de conducta relacionados con valores importantes. Estos hábitos son especialmente importantes en los seis o siete primeros años. Durante esos años podrá aceptar sin dificultad las conductas que le proponemos los padres por la confianza que deposita en nosotros. Así, cuando tenga más edad podrá relacionar su modo habitual de comportarse con los valores que entraña. Entonces el mismo hábito formará parte del ambiente que le rodea por lo que le será más fácil aceptar como bueno algo que le resulta muy familiar.

2. La convicción intelectual 

No es otra cosa que apreciar algo como bueno, conveniente o útil para sí mismo o para los demás mediante el razonamiento lógico. Es un recurso que se puede utilizar cuando nuestros hijos son un poco mayores, cuando, paralelamente a su llegada a la adolescencia, comienzan a tener recursos intelectuales suficientes para establecer relaciones entre distintos valores y para deducir las posibles causas y consecuencias de las diferentes maneras de comportarse.

La manera de entrenar su capacidad de razonamiento y, con ella, la de apreciar los valores más importantes será mediante el diálogo y el debate de ideas. En este momento en que los hijos empiezan a percibir que no somos las personas perfectas y todopoderosas que imaginaban cuando niños, es la ocasión de enseñarles a apreciar los valores, no ya por la confianza que les inspirábamos sino por la fuerza de la lógica.

El arte de hablar con tus hijos

Adaptado del site: http://www.enplenitud.com/el-arte-de-hablar-con-tus-hijos.html 

¿Tiemblas ante la idea de hablar con tus hijos? ¿Crees que no eres capaz de tener una charla interesante con ellos? Es tiempo de que te pongas a estudiar el arte de hacer que tus hijos conversen contigo.

¿Cómo lograr que tus hijos te hablen?

Ser padres no es fácil. Algunos días, el simple hecho de tener a toda la familia reunida, al mismo tiempo y en el mismo lugar, te podría parecer como un “sueño imposible”. Entre las actividades extracurriculares, los deportes, el trabajo, los recados y los viajes, no es de sorprender que casi la mitad de los padres, en una reciente encuesta, declararan sentir una distancia creciente entre ellos y sus hijos.

Los chicos de hoy tienen más cosas que enfrentar que las que tenían los chicos de hace veinte años. Drogas, violencia, metamensajes en la publicidad, presión social, y agendas inamovibles, entre otros, son los encargados de poner un peso extra sobre sus espaldas.

De modo que, en medio de todo este caos, ¿cómo encuentras tiempo para hablar con ellos? Y lo más importante, ¿cómo haces para que ellos te hablen a ti?

Ideas de comunicación para hablar con tus hijos

Estas son algunas ideas que pueden serte útiles:
  • Coman todos juntos (como una verdadera familia de otras épocas) al menos tres veces por semana. Las conversaciones fluyen con mayor facilidad alrededor de la mesa. Si en un principio encuentras dificultades para iniciar la conversación, piensa en algunos disparadores antes de cada comida. Planifica unas vacaciones familiares, dejando que cada uno diga dónde quisiera ir y qué quisiera hacer. Hablen sobre hechos de actualidad, sobre las últimas películas o acerca de los eventos especiales que se aproximen. Formúlales preguntas de final abierto, de modo que se vean obligados a contestar con algo más que un sí o un no.
  • Desconecta el mundo exterior. Establece un “tiempo familiar” cada noche y haz que todos apaguen sus teléfonos celulares, computadores y televisores. Deja saber a tus amigos y familiares que no estarán disponibles durante ese tiempo, y no hagas concesiones. Puede que tus hijos, sobre todo si son adolescentes, se rían de esta práctica, pero en el fondo, seguramente, la disfrutarán. Utilicen este tiempo para reconectarse unos con otros. Jueguen a un entretenimiento de mesa, lean en voz alta en turnos rotativos, canten, bailen, etcétera; sea lo que sea, háganlo juntos.
  • Al menos una vez por semana, preparen la comida todos juntos. Incluso tu hijo más joven puede hacer algo para ayudar. Si tu cocina es demasiado chica para todos, realiza un programa asignando tareas correlativas para cada una de las partes de la preparación de la comida. Durante estas actividades, tu familia estrechará sus vínculos e incluso podrían ser los niños quienes, naturalmente, comiencen a proponer temas de conversación. Y, si no es así, siempre podrás poner a rodar el balón contando las historias de las actividades que realizabas con tus padres –sus abuelos-.
  • Haz que tus chicos se sientan seguros al hablar contigo. Déjales saber que no te enojarás ni los regañarás si te cuentan sobre lo que está sucediendo. Si te dicen algún “trascendido”, entonces déjalo de ese modo (excepto en emergencias y en situaciones peligrosas).
  • Escucha lo que tienen para decir. Si estás trabajando, o haciendo algo más cuando los chicos comienzan a hablarte, entonces podrían darse por vencidos al ver que tu atención está puesta en otro lado. Dale a tus hijos la misma cortesía que les darías a tus amigos o allegados. Siempre que te estén hablando, ofréceles el 100% de tu atención.
  • Utiliza las técnicas de recepción activas. Asegúrate de comprender lo que tu hijo te está diciendo. Repite lo que te ha dicho y formula preguntas.
  • Establece un tiempo para pasar con cada uno de los chicos. Puedes pedirles que te acompañen a hacer las compras o que te hagan compañía mientras te encuentras limpiando; siempre de a uno y por separados. Hazles saber que valoras lo especial de sus compañías.
  • Sé paciente. No esperes una familia perfecta. Nadie te está juzgando. Recuerda que las familias perfectas no existen.
Blanca nieves y los siete enanitos.
Abril, 2012


El difícil arte de poner límites a los adolescentes



Sor Juana Inés decía que el amor es como la sal: dañan su sobra y su falta. Lo mismo podríamos decir con respecto a los límites para los adolescentes, ya que la clave está en no abusar de los mismos pero tampoco desestimarlos. En esta nota, pautas para manejarse en esta complicada etapa de la vida.

A menudo, los padres encuentran muy difícil ocuparse de la transición de sus hijos hacia la edad adulta, por lo que este período puede ser realmente muy complicado para toda la familia. No es fácil saber en que momentos los hijos adolescentes actúan de manera irresponsable por su propia inocencia o por valores mal asimilados, pero lo cierto es que, a esa altura de sus vidas, los padres no pueden ser más que un guía, ya que existen barreras que no podrán ser más cruzadas.

Los chicos y chicas han llegado a una etapa de sus vidas en donde saben que ya es su propia responsabilidad encontrar esas barreras, que separan el bien del mal, la madurez de la irresponsabilidad, el compromiso de la ausencia. Sin embargo, sí existe una barrera en la que ellos no tienen injerencia, y que debe ser absolutamente formulada y puesta en práctica por los padres. Ésa barrera es la que define los derechos de los padres, y, por más independientes que sean, los adolescentes deben aprender a no cruzarla.
En sus ansias por demostrar y ejercer su independencia, muchos adolescentes parecen a menudo "olvidar su lugar". La mayoría de las veces, esta es su respuesta al hecho de que su rol ya no es el mismo, incluso en la relación con sus padres: hagámosle frente, la mayoría de los jóvenes se acerca a la independencia con la misma gracia de un perrito Gran Danés, y puede ser bueno recordar que nosotros también luchamos para encontrar nuestro propio espacio adulto.
La búsqueda de este nuevo y necesario rol, en donde el chico ya no es más un niño pero tampoco un adulto, es muy dificultosa para el joven, que muchas veces se maneja de una manera torpe pero si maldad, sobre todo por que no sabe como contar con la necesaria ayuda de la otra parte, sus padres. La cosa más importante que los padres deben recordar es que esta es solo una etapa, así como las rabietas, los caprichos, o las necedades que tenía de niño.
La razón por la que éste momento es más dificultoso, es porque también está en juego el control y la autoridad. Pero así como el padre debe aprender a abandonar cierta indiscutida potestad (incluso en el plano verbal), el niño debe aprender a beneficiarse de estos cambios sin abusar de los mismos. Lo que se espera, en definitiva, es que esta batalla emocional de voluntades se acabe de una forma sana y natural, en la que ambos sepan reconocer sus espacios.
Cuando los adolescentes demuestran su independencia con insolencia y carencia de consideración hacia los otros miembros de la familia, ésta actitud no puede obviarse y dejar ser ignorada. La insolencia y falta de respeto no es un signo de independencia, sino del hecho de que se está teniendo un comportamiento inmaduro, que provoca que los padres todavía deban hacerse cargo de modificar.
Estos jóvenes no han aprendido el sutil y delicado arte de la autoridad con diplomacia, y, sin ningún temor a equivocarnos, esto debe ser rectificado por sus padres. Fabricar excusas para desestimar su mal comportamiento, no es la mejor manera de ayudarles a encontrar su lugar. Los padres deben tratar a sus adolescentes mayores con la misma sinceridad que lo harían con cualquier adulto que se enfrenta de una manera inadecuada. Si su hijo o hija no aprende los límites que son inaceptables para usted, seguramente los aprenderán, de forma mucho más dura, por la propia sociedad.
El punto más duro para controlar por parte de los padres, puede ser su error a sumirse en una discusión verbal de par-a-par con sus hijos adultos. Como adultos con experiencia, los padres deben intentar siempre ser la voz de la razón. Ponerse en un nivel simétrico para conversar, no es nada apropiado, aunque si lo es el hecho de modificar viejos esquemas, y poder escuchar más abiertamente a sus hijos, como personas adultas que ya son. Sin embargo, cuando las conversaciones comienzan a ser ríspidas, los padres deben insistir en hacer prevalecer su experiencia y lógica, así como tener la madurez suficiente como para dejar pasar ciertos pequeños puntos. Pero sin importar cuan insistentes sean su hijo o hija, no se permita que sobrepasen su autoridad y sentido común.
Lo ideal, es intentar mantener un tono razonable y respetuoso desde ambas partes. Si sus esfuerzos fallan, simplemente rechace engancharse en la discusión. Puede tomarles tiempo, pero entenderán que usted no hará caso a sus opiniones y evitará entrar en una conversación improductiva que puede conducir a una o ambas partes a ofender al otro, y sabrán que, sin dialogo, tendrán menos posibilidades de lograr ciertos beneficios por parte suya.
Algunas reglas de la casa, tales como los horarios de llegada y de irse a acostar, deberán ser modificados a medida que nuestros hijos crezcan. Una vez que alcancen su adolescencia mayor, podrán sentir que no todas las reglas de la casa seguirán siendo aplicadas para ellos. Pero, igualmente, se debe tener cuidado de mantener el control de las rutinas del hogar, con respecto a las personas que entran en la casa, los huéspedes que podrán (o no) alojarse temporalmente, o el tipo de actividades que allí se desarrollará. Lo importante será ser medido y razonable en los nuevos permisos y obligaciones que se fijarán. Después de todo, el hogar continúa siendo su hogar. Pero asegúrese de que sus normas sean verdaderamente razonables.
Por ejemplo, si su hijo o hija le pide cambios en los horarios de regreso al hogar, debe sentarse con tranquilidad y, luego de conversar con ellos, llegar a la conclusión de que eso puede ser lo mejor tanto para ellos como para usted, en esta etapa. Si, en cambio, ellos llegan aún más tarde del nuevo horario convenido, tendrá todo el derecho de sentir que aún no han madurado y deberán esperar para revalidar los antiguos permisos. Las fallas intencionales de los jóvenes en adherir a las nuevas reglas establecidas para su vida en la casa, se deben resolver con la disminución o supresión de los beneficios otorgados. Pero el elemento dominante en esta situación, será, por parte de ambas partes, manejarse de forma razonable.
 Es muy importante recordar que durante esta transición también se podrá comenzar a construir la relación que se mantendrá con su hijo durante todo el futuro. Permitir que los incidentes se extiendan pueden crear tensiones cada vez más difíciles de superar, que podrán afectar las relaciones futuras. A veces, la decisión más sabia es saber guardar distancia durante algún tiempo, hasta que puedan prevalecer las cabezas más frescas y el sentido común, desde ambas partes. En el futuro, los actuales ajustes de ensayo y error se convertirán apenas otra anécdota para el recuerdo. Las relaciones cambian todo el tiempo. Pero no es el cambio lo que define el resultado, sino cómo manejamos ese cambio.
Tomado de la página En plenitud.com, para jóvenes de cualquier edad [ingreso el 23 de febrero de 2012]

Horario de atención de profesores 2012

HORARIO-ATENCION

Jóvenes: deberes y derechos

La siguiente es la ponencia de Emilio Calatayud Pérez, Juez de Menores de Granada, España, quien participó de un conversatorio sobre jóvenes y educación. Valdría la pena poner atención en sus planteamientos.

Ganadores rifa de Asofamilia

Querida Comunidad Educativa, aquí tienen la lista oficial de ganadores de los premios de la rifa de Asofamilia Gonzaga, efectuada el sábado pasado en el marco del Día de la Familia.

Muchas felicidades a todos los ganadores y gracias a todos por su colaboración.
Rifa AsoFamilia Gonzaga 2011