Proyecto de la Dirección de Bienestar Estudiantil de la U. E. San Luis Gonzaga de Quito, para el acompañamiento de los estudiantes y sus familias.
Cómo transmitir valores a los hijos
Fuente: Catholic.net
Seguramente a todos los padres de familia nos gustaría que nuestros hijos compartieran con nosotros esa valoración de las cosas, que asumieran los valores que nosotros consideramos importantes. Nos da miedo que se equivoquen en algo tan importante, que consideren alguna cosa como algo valioso y apetecible, y que en realidad no sea más que un espejismo.
¿Hay alguna manera de asegurar que ellos asuman unos valores realmente valiosos? O dicho de otra manera, ¿puedo enseñar a mis hijos a apreciar los mismos valores que a mí me parecen importantes? La respuesta es que sí, aunque naturalmente no se puede asegurar completamente. Se puede afirmar que, si se intenta de manera coherente, los resultados son apreciables. Por otro lado también conviene asegurarse de que los valores que tenemos son realmente lo mejor que podemos ofrecerle.
Como es lógico, es del todo imposible tener la certeza de que los valores que consideramos primordiales son tan importantes como nos parece. Pero como mínimo, debemos valorar nuestra propia coherencia. Si nuestra conducta no se adapta a nuestra escala de valores, revisemos nuestra conducta o nuestra escala de valores y cambiemos alguna de las dos. Generalmente debería ser nuestra conducta lo que tendríamos que cambiar.
Una vez decididos los valores que vamos a enseñar, veamos cómo hacerlo.
Básicamente hay dos procesos para conseguirlo: la inmersión y la convicción intelectual.
1. Inmersión
Referido a la educación de los valores, "inmersión" se refiere a hacer que nuestros hijos estén, inmersos en un ambiente en que nuestras maneras de actuar dan testimonio de los valores que intentamos comunicar.
Los niños, desde el primer momento, actúan imitando las conductas y actitudes que ven a su alrededor. Mas tarde, a través del lenguaje, llegan a comprender las razones por las que sus padres actúan así. De este modo, la manera de actuar de los padres, maestros y cualquier persona formadora, y las razones por las que lo hacen, conforman una especie de fluido que envuelve al niño y que penetra dentro de su inteligencia y de los hábitos que va adquiriendo. Y casi sin proponérnoslo, va asumiendo nuestros valores. Estoy hablando del ejemplo que damos el padre y la madre al unísono y que es muy significativo cuando los hijos son pequeños.
Pero en realidad no está todo resuelto, ni mucho menos. El fluido ambiental que rodea a nuestros niños no es únicamente el ejemplo de los padres y maestros. Hay otros muchos ejemplos e influencias que flotan en el ambiente (gran familia, amigos, compañeros, profesores, medios de comunicación...) y que también penetrarán en la inteligencia de nuestro hijo y en los modos de actuar que imita. Y como quizás muchos de esos ejemplos e influencias sean negativos nos preguntamos si podemos hacer algo para minimizar su influencia. Sin lugar a dudas la respuesta es sí. Podemos hacer como mínimo cuatro cosas:
- Dedicar el máximo tiempo posible a la convivencia familiar, con la intención de que, cuanto mayor sea el tiempo de convivencia familiar, menor influencia ejercerán otros ejemplos. Hay que aprovechar motivar a las familias de los alumnos para que apoyen en este campo.
- Estrechar nuestras relaciones afectivas con ellos. El ejemplo es mucho más decisivo cuanto más importe a los niños la persona que lo ofrece. Será, por lo tanto muy importante mostrarle nuestro cariño y aceptación habitualmente.
- Enjuiciar las actuaciones o afirmaciones de otros cuando contradigan nuestros propios valores, eso sí, con respeto. Ya que no podemos evitarlos, al menos presentemos ante sus ojos elementos críticos.
- Desarrollar en ellos hábitos de conducta relacionados con valores importantes. Estos hábitos son especialmente importantes en los seis o siete primeros años. Durante esos años podrá aceptar sin dificultad las conductas que le proponemos los padres por la confianza que deposita en nosotros. Así, cuando tenga más edad podrá relacionar su modo habitual de comportarse con los valores que entraña. Entonces el mismo hábito formará parte del ambiente que le rodea por lo que le será más fácil aceptar como bueno algo que le resulta muy familiar.
2. La convicción intelectual
No es otra cosa que apreciar algo como bueno, conveniente o útil para sí mismo o para los demás mediante el razonamiento lógico. Es un recurso que se puede utilizar cuando nuestros hijos son un poco mayores, cuando, paralelamente a su llegada a la adolescencia, comienzan a tener recursos intelectuales suficientes para establecer relaciones entre distintos valores y para deducir las posibles causas y consecuencias de las diferentes maneras de comportarse.
La manera de entrenar su capacidad de razonamiento y, con ella, la de apreciar los valores más importantes será mediante el diálogo y el debate de ideas. En este momento en que los hijos empiezan a percibir que no somos las personas perfectas y todopoderosas que imaginaban cuando niños, es la ocasión de enseñarles a apreciar los valores, no ya por la confianza que les inspirábamos sino por la fuerza de la lógica.
Graduación 2012
Distinguidas
autoridades y maestros de la Unidad Educativa San Luis Gonzaga
Señores
padres y madres de familia
Señoritas
y señores estudiantes, amigos míos, que hoy alcanzan el título de bachiller
Invitados
todos
Quiero
comenzar agradeciéndoles de todo corazón el que me permitan hacerme presente en
esta especial ocasión para nuestra Comunidad Educativa; hoy que ustedes,
queridos chicas y chicos, culminan tan importante etapa de formación.
Pareciera
lejano el día en que por primera vez pisaron nuestro campus.
¿Recuerdan
la primera oración que les dio la bienvenida a un ciclo que para ustedes y sus
familias se les venía nuevo y retador?
Les
invito a recordarlo, a traer a la memoria las lágrimas de orgullo en los ojos
de sus madres y sus primeros consejos en el primer día de colegio.
Traigan
al corazón el primer interrogatorio de sus padres sobre cómo les fue en esa
jornada, sobre los amigos, los profesores, el tiempo, los sentires, las
instalaciones…
¿Recuerdan
ustedes la primera vez que contemplaron aquellos ojos de La Dolorosa y
balbucearon su oración recién aprendida?
Y
luego como un tren se vinieron los días, los trimestres y los años, cargados de
todo aquello que la juventud trae consigo y que lo tienen a flor de piel, desde
la manera de vestir hasta los amigos que han conocido -esos que serán los mejores
amigos del resto de la vida-; desde las experiencias deportivas y de
campamentos hasta aquellas en las que la travesura hizo su aparición, y sus
padres y nosotros, sus maestros, nunca conoceremos.
Un
tren cargado de trabajos, de experiencias, de momentos, de rostros, de
dificultades resueltas y hasta de silencios. ¿Recuerdan ustedes la silenciosa experiencia
de los Ejercicios Espirituales en la que encontraron al Dios de la Vida y
conversaron con Él, se dejaron interpelar y le entregaron su modo de actuar, su
futuro, su vida?
¡Cuántos
de ustedes, en algún momento de su etapa colegial, no se vieron envueltos en
complicaciones académicas, disciplinarias, afectivas!
Y de
todas ellas supieron reponerse y por eso hoy tenemos muy buenas razones para
celebrar.
Gracias
queridos chicas y chicos por dejarse acompañar a lo largo de todos estos años.
Toda la planta docente de nuestra Unidad Educativa hemos compartido junto a
ustedes para prepararles para la vida. Sepan que nos sentimos orgullosos de sus
logros y contamos con ustedes para construir ese Ecuador que queremos, ¡que
necesitamos!
Creo
que hemos hecho todo lo que ha estado a nuestro alcance para acercarles a
aquellas experiencias que ante todo les permitan ser personas humanas libres,
compasivas, leales, con una clara opción por la justicia evangélica: aquella
que estudiamos en las aulas y que vivimos lo mismo a 5ºC en Pujilí o en el
campamento de niños, con ancianos o en tantas ocasiones del FAS, nuestra
Formación en Acción Social.
Como
ustedes saben, circunstancias ajenas a mi voluntad hacen que hoy no pueda físicamente
acompañarles en esta ceremonia, sin embargo, mi corazón y mi cariño está con
ustedes ahora que han triunfado y se gradúan.
Quisiera
decirles tantas cosas personalmente, a cada uno…
¡Me
limitaré a invitarles a que vivan!: vivan con abundancia y generosidad, de cara
a la Vida y al Amor. No siempre el correr es llegar. Asegúrense de discernir siempre
con razones que nacen del corazón.
Hoy -y
así es la vida-, mientras escribo, me encuentro en un lugar especial para todos
los Gonzagas, para los celistas. Estas líneas se las dedico precisamente desde
el sitio en el que Alberto Capdevielle murió y vivió dando vida a una familia
que estaba atrapada por un incendio forestal. Ustedes bien conocen la historia.
Espero que la apliquen ahora que comienzan a ser para los demás.
Felicitaciones
por su graduación. Recuerden que el Gonzaga es su casa y que siempre
necesitaremos voluntades generosas que la recreen. Disfruten de estos momentos
que son suyos.
Un
fuerte abrazo desde Los Teques, capital del estado de Miranda en Venezuela, hoy 6 de julio de 2012.
Con
cariño,
Nuestro compromiso con el Ecuador
Con nuestro espíritu fuerte y nuestras frentes levantadas,
sin miedo y con responsabilidad,
juramos, ante Dios,
mantener siempre la bandera de una fe solidaria con los más pobres;
y prometemos, frente a nuestras familias
y ante la Bandera de la Patria,
ser ciudadanos honestos y comprometidos,
bajo nuestro lema:
"Ser más para servir mejor"
sin miedo y con responsabilidad,
juramos, ante Dios,
mantener siempre la bandera de una fe solidaria con los más pobres;
y prometemos, frente a nuestras familias
y ante la Bandera de la Patria,
ser ciudadanos honestos y comprometidos,
bajo nuestro lema:
"Ser más para servir mejor"
(Texto de juramento colectivo U. E. Gonzaga)
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